La violación sexual en el Sur Kivu ¿ Un crimen normalizado?

Por Judith Cuma, de la redacción de Femme au Fone

19 Diciembre 2015 17:11

Una historia de la vida cotidiana

El pasado 1 de octubre, dos mujeres y un hombre joven irrumpieron en el patio de Radio Maendeleo, en la ciudad de Bukavu. Buscaban a un hombre al que acusaban de haber violado de forma regular a su hija de 16 años. Llevaban días intentando localizarlo en su casa, probablemente para una negociación amistosa, pero no habían dado con él. La familia decidió buscarlo en su trabajo. La familia llamó a la policía que tampoco pudo dar con él porque algunos colegas lo habían ayudado a escapar.

El presunto violador tiene unos 20 años, trabaja en una agencia de seguridad y está encargado de vigilar la antena de telecomunicaciones colocada en el recinto de Radio Maendeleo.

Reacciones irresponsables

La gente se arremolinó alrededor de la familia para seguir lo que pasaba. Mujeres, jóvenes y, sobre todo hombres, comentaban en voz alta: «Una chica así ya no es una niña, si la miras no te imaginas que tiene 16 años", "de hecho a los 16 una chica ya es una mujer", "si nuestras madres se casaron a los 13 y 14 años", "ésa ya es grande, mira sus pechos y su altura", "ya puede querer a un hombre", "mi madre me tuvo con 13", "la chica dice que ese chico es su novio, ella lo quiere. Es su madre la que la ha forzado a venir aquí, mira qué madre que expone a su hija ante la gente de esa manera", "ahora todo el mundo sabrá que su hija ha sido violada, esa mujer es tonta", "ésa lo único que quiere es conseguir dinero a costa de su hija, ¡si ni siquiera su hija está de acuerdo con haber venido!".

Ninguna reacción señalaba al joven como responsable ni tampoco animaba a la familia a acudir a la justicia. Incluso algunos padres de hijas menores defendían al chico y, en vez ayudar para que el joven rindiera cuentas, lo ayudaron a escapar con una actitud que disculpa al hombre y veja a las chicas y mujeres.

Actitudes inquietantes

Es sorprendente que personas responsables de la pequeña sociedad bukaviense reaccionen apoyando a un presunto criminal frente a una mujer a la que hacen callar cuando estaba buscando justicia para su hija menor. ¿Cómo explicar esta actitud social frente a la violación de menores y el hecho de que a partir de la adolescencia sean consideradas adultas? ¿Cómo explicar que, pese al esfuerzo que desde hace años realizan autoridades y organizaciones no gubernamentales para luchar contra la violación, haya hombres y mujeres facilitando con su actitud ese crimen y defendiendo a los presuntos autores?

¿Dónde está el problema?

La ley de 2006 sobre la violencia sexual describe la violación. Pero la discriminación contra las mujeres y las niñas es un hecho en las comunidades de Sur Kivu, pese a que existen algunos avances, y el caso que describe este artículo es una prueba. Ellas son las señaladas, lo cual demuestra el fracaso de la lucha contra esa discriminación. Habría que redoblar esfuerzos pero sobre todo habría que revisar y cambiar estrategias de lucha para cambiar la mentalidad de los que se empeñan en ver a las adolescentes como seres inferiores.

La mujer sigue siendo vista como una máquina de procrear, es su único rol, así que solo tiene valor si está junto a un hombre, en casa, sea éste como sea. La mujer sigue teniendo prohibidos ciertos derechos básicos como ir a la justicia por su propia iniciativa o el derecho a la libertad de expresión. Todo pasa por el permiso del marido, jefe del hogar según el Código de la Familia congoleño que tiene rango de ley. La sociedad tiene a la mujer presa en la estigmatización.

Cuando la ley admite que hubo violación

El artículo 170 de la ley dice que existe violación cada vez que hay una relación sexual sin el consentimiento de una de las partes, a través de la vía que sea. Cuando una persona utiliza la violencia o la amenaza para tener relaciones sexuales con la otra.

"Si hablamos de adultos, la violación se produce cuando la ausencia de consentimiento está probada. Pero si la violación es contra un menor de 18 años la ley lo considera una violación, con consentimiento de las dos partes o sin él, porque un menor no es capaz de dar un consentimiento claro y razonado, incluso si esa menor es conocida por prostituirse en su comunidad", aclara Papy Kajabika, jurista y coordinador de la organización de derechos humanos Visión Social. "La ley es muy completa y reconoce, por ejemplo, que hay violación cuando se produce una penetración con cualquier objeto en cualquier orificio del cuerpo, la ley se basa sobre todo en la ausencia de consentimiento de una de las partes".

Consideración de la violación a través de la historia

"En la tradición de los pueblos de Sur Kivu y de otros de este país, siempre fue impensable violar a un bebé, a una niña, a una mujer anciana, a una mujer embarazada o a una madre. Los que lo hacían lo pagaban y sufrían una prisión social, eran repudiados por la sociedad y por los 'bamis', las altas autoridades tradicionales de las Jefaturas, organismos administrativos descentralizados y reconocidos por el estado", afirma Gervais Cihralwirhwa, profesor de historia y filología en el Instituto Superior Pedagógico de Bukavu (ISP). Estos castigos ejemplares en el seno de la comunidad provocaron que durante mucho tiempo se limitaran estos crímenes y la cultura tradicional los considerara "una verdadera abominación".

Pero hoy en día se viola de forma regular pese a estas tradiciones y a la ley. Los 'bamis' se limitan a denunciar las violaciones ante la justicia estatal y esta actúa cuando está presente en el lugar, basándose en las leyes existentes. "Hoy en día los que violan a las mujeres, violan la ley sabiendo lo que hacen, quieren destruir el Estado, porque la ley ha sido suficientemente explicada por las organizaciones y es imposible pensar que los violadores no conocen la ley y las consecuencias de sus actos", dice el sociólogo Bosco Muchukiwa.

¿Por qué persiste este comportamiento generalizado?

«Aunque la ley congoleña prevé sanciones severas contra la violación, ésta no se aplica y pierde fuerza", dice el abogado Kajabika, "la impunidad reinante hace que los hombres estén convencidos de que nada les pasará ni en la comunidad ni en el tribunal". Porque en la comunidad sigue existiendo una discriminación contra la mujer que se ha exacerbado durante los años de guerra y han vuelto las costumbres más retrógradas si cabe, anulando completamente a la mujer como sujeto de derecho. Hay comunidades en las que siguen defendiendo que una mujer adquiere la mayoría de edad a los 14 años, como reconocía el Código de la Familia en la época del dictador Mobutu, y desprecian la ley, a la que acusan de "desculturizar y acabar con la tradición", afirma el profesor Cirhalwirhwa, que aboga por medidas drásticas, como la práctica de artes marciales y de autodefensa por parte de las mujeres. "Pero las estructuras deportivas son casi inexistentes en Sur Kivu, la población es muy pobre y está preocupada por la supervivencia de la familia en el día a día, comer y tener un mínimo ingreso. Eso convierte esta proposición de practicar artes marciales para la autodefensa en una excentricidad", afirma Cirhalwirhwa.

¿Es la ley débil y provoca que la violación se extienda?

"No. El problema es que el sistema judicial no aplica la ley y que además no se ha informado sobre ella lo suficiente », afirma el jurista Papy Kajabika. "Existe solamente un número reducido de personas que conoce la ley y a veces me encuentro en juicios en los que los presuntos autores no saben nada de la ley".

El otro aspecto evocado por Kajabika es más grave. El estado no llega a todos los lugares del país, no hay juzgados ni representantes de la justicia. "El traslado de un acusado a un tribunal que pueda juzgarlo requiere que haya carreteras y medios económicos para ese desplazamiento. Son responsabilidades que el Estado no asume y la ley no está siendo aplicada como se debe. Así que nos acabamos encontrando ante un sistema judicial para ricos y otro para pobres. Son estos últimos los que van a prisión; los que tienen medios, pagan para evitar el juicio y salen en libertad".

Y luego están las prisiones, completamente ruinosas, consideradas la antesala de la evasión.
"Todo esto hace que las víctimas no se animen a denunciar", prosigue Papy Kajabika. "Si, pese a todo, deciden denunciar, entonces se enfrentan también a los pagos que la justicia les exige para seguir adelante con el juicio, y la mayor parte de esas mujeres no tienen medios".

Imponer la ley y respetar la mayoría de edad

"Si la mayoría de edad está fijada en los 18 años es por razones biológicas, jurídicas y económicas bien fundadas", dice el profesor Muchukiwa, que aboga por sensibilizar a la población. "La gente debe asumir que la mayoría ha pasado de los 14 a los 18 años y esa sensibilización empieza por aquí, por las instituciones de enseñanza. Hay que ir cambiando la imagen de la mujer en la sociedad y hacer que disfrute de sus derechos. Pero sobre todo hay que cambiar la imagen de la violación como algo banal y hay que imponer sanciones. Eso es capital, aplicar la ley para provocar el cambio de los hombres".

El jurista Kajabika y el sociólogo Muchukiwa piensan que por frenar la extensión de la violacion hay que aplicar la ley, "para que la población tema el castigo", dice Kajabika. "Pero también se necesitan estadísticas de condenas y otros castigos como indemnizaciones para que la gente se lo tome en serio y vuelva a confiar en la justicia", añade el sociólogo Muchukiwa.

Existen avances en la aplicación de la ley sobre la violencia sexual, como la creación de la unidad especial de la policía para la protección de la mujer y la infancia: http://www.femmeaufone.net/fr/actueel/item/338

"Aun así", insiste el sociólogo Muchukiwa, "hay que reforzar la sensibilización para que la gente integre que aquí ya no vivimos regidos por la costumbre o tradición sino por la ley. Y que esa ley dice que la mayoría de edad es a los 18 años y que si violas te cae un severo castigo", una opinión que comparten el profesor Cirhalwirhwa y el jurista Kajabika.

Y crear condiciones para que mujeres y niñas vivan con seguridad, como la práctica de artes marciales y otros deportes que provoquen un bienestar y la capacidad de defenderse antes ciertas inseguridades, insiste el sociólogo Muchukiwa, apoyado por Mwa Bachu, ex diputada nacional y hoy jefa de programas de la organización V-Day que trabaja en Bukavu con mujeres víctimas de violencia basada en género.

Otra medida es el rescate de valores tradicionales que promueven la protección de la mujer y sus derechos. "Las mujeres deben implicarse en esta lucha y en cómo renovar estrategias para no dejarse dominar y para acceder a puestos de decisión y de poder como ha sucedido a lo largo de la historia", dice Cirhalwirhwa, citando a M'Mulwa que venció a los reyes de Ngweshe y Kabare, a Juana de Arco en Francia y a Kimpa Vita, profetisa de la etnia Kongo que luchó contra la trata de esclavos en el reino Kongo. "Un hombre debería temer a la mujer a la hora de acercarse con intenciones de abusar de ella y no verla como una víctima", concluye Cirhalwirhwa, "insisto en las artes marciales".

"Habría que pensar en medidas de acompañamiento del Estado" añade Muchukiwa, "y en la sensibilización en todas las lenguas locales, que todo el mundo entienda bien lo que pasa si maltrata a una mujer, si la viola", dice Kajabika.

Hay mucho trabajo que hacer frente a la violación, normalizada en Sur Kivu pero uno diferente, para obtener mejores resultados. Esta tarea recae en el Estado congoleño, que debe crear las condiciones para asegurar que las personas vivan seguras en todos los ámbitos. Por su parte, la familia debe aprender a educar en la igualdad, reconociendo a sus hijas como menores hasta los 18 años.

Las organizaciones de derechos humanos podrían revisar sus estrategias de acción, para que sean más efectivas.

Y finalmente está la ley contra las violencias sexuales de 2006, una realidad que hay que utilizar para esta lucha contra la banalización de la violación y la discriminación de la mujer en Sur Kivu.