FIZI: Búsqueda de Oro y Crímenes contra las mujeres

Por Raïssa Kasongo, periodista de Femme au Fone

30 Mayo 2015 21:15

Durante años, este territorio escapó al control del gobierno y fue bastión de las fuerzas del presidente Laurent Désiré Kabila, concretamente en la zona de Hewa Bora, donde se entrenaron y prepararon para partir hacia Kinshasa y provocar la caída del dictador Mobtu Sese Seko en 1997.

Hoy, Fizi sigue siendo un territorio con amplias zonas fuera del control estatal y donde hay grupos armados como los mai-mai Raia Mutomboki, que siembran el terror y violan los derechos humanos más básicos.

Fizi bordea el lago Tanganika, uno de los Grandes Lagos de África y el que más especies de peces alberga en el mundo, y es hogar originario de la tribu ba Bembe, un pueblo dedicado tradicionalmente a la pesca y, hoy también, al trabajo artesanal en la mina. Esta última actividad es la que ha provocado un aumento de conflictos por el control de la tierra, creando una enorme inseguridad física para las mujeres. La violación es una de esas inseguridades.

Nuestro padre murió hace dos años y dejó una gran superficie de tierra a mi madre. Pero teníamos cerca, en el rio Kasonge, un grupo de hombres que buscaba minerales. Con el tiempo iban cavando y acercándose a nuestra tierra, cuenta a FAF una mujer en la oficina del administrador de Fizi, el representante del estado congoleño en el territorio. Con los pelos revueltos, el vestido roto y amamantando a un bebé de un año, la mujer parece desamparada. Cultiva palma de aceite y esa actividad le permite mantener a la familia, según afirma.

Tierras y violencia contra la mujer

Numerosas cuadrillas de hombres, de la zona y de otros territorios de la provincia, caminan a lo largo del rio Kasonge, en Fizi, buscando minerales; entran sin permiso en tierras ajenas para excavar. Un día iba al mercado y mientras caminaba escuché a dos hombres discutir sobre cómo iban a destruir nuestras palmeras de aceite para empezar a excavar y buscar minerales. Reconocí a dos hombres shi (una etnia que vive en los territorios de Kabare y Walungu, otros dos territorios de Sur Kivu) que estaban trabajando en el rio y eché a correr a casa para advertir a mi madre de lo que pasaba. Nos fuimos corriendo al campo y mi madre me propuso que fuera hasta las lindes de nuestra tierra para ver qué pasaba mientras ella se ponía a trabajar con los cultivos. Al llegar allá los hombres realmente habían empezado a arrancar nuestras palmeras, afirma la mujer.

En Fizi la búsqueda de tierras para cavar provoca la invasión de terrenos; el conflicto llega, muchas veces, al enfrentamiento, la muerte y, en el caso de las mujeres, a la violación sexual, como afirman distintas organizaciones de derechos humanos; y como ocurrió con esta mujer: Me acerqué a ellos y les pregunté por qué destruían nuestras palmeras y el responsable de todos los hombres me respondió que, puesto que el dueño era mi padre y estaba muerto, ya no había dueño y podían hacer lo que quisieran. Insistí en que se fueran y el hombre salió del agujero que cavaba y me empujó dentro. Llamó a sus amigos, eran unos quince, todos comenzaron a pegarme, luego me arrancaron la ropa y me violaron al menos cinco. Después me desmayé, cuenta entre sollozos mientras acuna su bebé.

Una mujer pasó por allí cerca y reconoció a la mujer desmayada en el suelo. Corrió a avisar a su madre y ésta fue al lugar, pero al llegar los hombres la estaban esperando y la golpearon hasta romperle un brazo.

Lucha contra la impunidad persistente

La RD Congo cuenta con una la ley contra la violencia sexual, aprobada en 2006, que reconoce y reprime toda una serie de violencias y abusos sexuales que se cometen en todos los ámbitos. También en las minas donde las mujeres sufren abusos y acoso por parte de los trabajadores y los jefes. Estos últimos, muchas veces, acosan y obligan a prostituirse a las mujeres con escasos recursos, que mantienen a una familia y a las que deben pagarle un sueldo. Al final del día les dan a elegir: o aceptan la violación o no cobran, afirma un investigador consultado por FAF.

Las mujeres en Fizi denuncian cada vez más los abusos y las violencias de las que son víctimas gracias, en parte, a la sensibilización que, desde hace meses, llevan a cabo algunas organizaciones de derechos de las mujeres. Una expresión de fuerza y de deseo de que las autoridades competentes actúen y cambien las cosas.

Tras salir del hospital, las dos mujeres pusieron una denuncia ante la policía militar del lugar, que detuvo a los autores. Pero estos fueron liberados a las 48 horas debido a una orden directa del jefe de policía.

Fue uno de los policías militares el que nos dijo que esos hombres se habían ido libres porque su jefe había recibido una orden para dejarlos en libertad. Pero él no sabía de donde
ni de quién venia esa orden. Ese mismo policía nos aconsejó venir hasta aquí, hasta las oficinas de la policía nacional en Fizi Centro para hablar con la unidad especial de protección de la mujer y la infancia, afirma la mujer mientras mira inquieta a los policías presentes.

La impunidad sigue siendo el factor que fragiliza la seguridad de las mujeres y el sistema judicial en la RD Congo, denuncian las organizaciones de derechos humanos nacionales e internacionales desde hace años, lo que provoca que muchas veces la población prefiera un acuerdo amistoso, antes de ir a denunciar un crimen ante la policía o ante el juez.

En el caso de violación se añade a la inacción de las autoridades, la vergüenza de tener que reconocer públicamente que la mujer ha sido violada, lo que puede provocar problemas en la familia y rechazo en la comunidad, afirma la psicóloga Cécile Mulolo, que trabaja en el hospital Panzi de Bukavu, Sur Kivu, con víctimas de violencia sexual.

En el caso de violación de menores los acuerdos pasan muchas veces por casar al violador y a la víctima, tras una negociación entre las familias en la que media, muchas veces, el jefe tradicional de la comunidad o mwami, que debería promover más bien la aplicación de la justicia, debido a su cargo de liderazgo local.

Muchas veces los mwami, y su círculo cercano, viven de ese rol de consejeros porque las familias pagan por que el jefe les busque una solución que no los avergüence. Pagan con dinero, con animales, con granos, cosechas, y los mwami consienten y avalan esos matrimonios precoces, afirma a FAF un miembro de la sociedad civil de Mwenga, territorio de Sur Kivu que comparte la misma realidad minera que Fizi.

La Unidad de Protección de la Mujer y la Infancia de la Policía Nacional de Fizi, instalada hace un año, afirma que cada vez hay más mujeres que denuncian casos de violencia sexual y violencia basada en género, y que queda mucho por hacer.