Atrapadas por una práctica milenaria

Ganado y tierra en el centro de la inseguridad que padecen las agricultoras de Sur Kivu.

11 Febrero 2015 23:00

Las agricultoras de la Meseta del río Ruzizi, en el territorio congoleño de Uvira, se quejan de la destrucción de sus cosechas cuando llega el momento de la trashumancia, es decir, cuando las vacas –guiadas por los ganaderos- bajan de las montañas buscando el pasto. La pasada de los animales deja pateados los campos cultivados, y destrozadas las verduras y los granos; la economía familiar se viene abajo y la incertidumbre se instala en sus vidas.

La disputa, sin embargo, es histórica: siempre que pasan las vacas, hay lío. En ocasiones, los agricultores recurren a las armas para prevenir que el ganado llegue al pasto y los ganaderos hacen lo mismo, para forzar su paso. Ni la ley ni la administración pública resuelven los problemas de las lindes – que datan de la época de la colonia belga- con lo cual la trashumancia se ha ido convirtiendo en una fuente de violencia –a veces mortal- que desestabiliza la provincia de Sur Kivu, frontera con Ruanda, rica en minerales, y zona en conflicto permanente desde el genocidio de 1994. Una región que la organización International Crisis Group describe como una "zona gris", envuelta en una violencia no uniforme desde hace 20 años[1].

La reforma agraria y el ordenamiento de las tierras son dos cuestiones prioritarias para llegar a cierta estabilidad en la región, necesaria si se tiene en cuenta que en ella deben cohabitar ganaderos y agricultores de grupos étnicos diversos, enfrentados históricamente desde los tiempos de la colonia. Pero el abandono de la región por las sucesivas administraciones estatales, además de una legislación ambigua, han otorgado un poder discrecional a los jefes tradicionales (mwami), quienes se rigen por la ley de usos y costumbres, sin ser capaces de resolver pacíficamente los conflictos de tierra locales. Ellos mismos toman partido, en muchas ocasiones, en las luchas por el control del poder y de la tierra.

En 2010, se creó el Marco de Concertación Intercomunitaria donde están representados agrónomos, agricultores –la mayoría mujeres- y ganaderos –la mayoría hombres- y elaboraron acuerdos que, hoy, son ley entre ellos. Crearon comisiones mixtas para aplicar los acuerdos en Kakamba, Biliba, Rhunigu, Kiliba y Ndunda, comunidades de la Meseta de Ruzizi en el centro del conflicto generado por la trashumancia. Dividieron las tierras entre corredores para el paso del ganado, con acceso a agua, y tierras para pasto, y designaron tierras para el cultivo de alimentos. Saidi Allo Ibya Sango de la Red de Innovación organizacional (RIO), una de las impulsoras del acuerdo, afirma "que la colonia (belga) había previsto todos esos espacios, así que se siguieron esos planes. Poco a poco comenzaron a resolverse los problemas".

La trashumancia comienza a partir del mes de abril. Los ganaderos del norte de la Meseta de Ruzizi, sobre todo los de la localidad de Kamanyola, se dirigen al sur con sus grandes rebaños de vacas para buscar pastos. Estas migraciones duran a veces hasta el mes de agosto o de septiembre, mes en el que los rebaños vuelven a sus establos. Las mujeres agricultoras de Kamanyola, y de otros pueblos de la Meseta, explican que la destrucción de sus cultivos al paso de los rebaños les genera inseguridad económica y física.

SMS de alerta

El pasado 6 de junio entraron al sistema de Femme au Fone (FAF) mensajes de texto que relataban noticias sobre la masacre de 33 personas (8 menores, 17 mujeres y 8 hombres) en la villa de Mutarule, en la Meseta de Ruzizi. Aunque las causas de este crimen son complejas y no solamente relacionadas con el ganado, lo cierto es que el crimen reabrió el debate sobre los conflictos –armados también- que se generan periódicamente en torno a esta actividad milenaria de la trashumancia y su repercusión en la seguridad de las personas.

Días después de la masacre, entraron SMS en FAF que hacían referencia a los problemas de inseguridad que estaban enfrentado las agricultoras de Ruzizi. Las mujeres de Uvira alertaban de enfrentamientos provocados por el paso de ganado entre los cultivos de las mujeres de localidades como Kamanyola, Kiliba, Runingu y Katogota. Unos días más tarde, Femme au Fone viajó al territorio y conversó con algunas, quienes confirmaron que las disputas son una fuente de inseguridad física y económica para ellas y sus familias.

En esta región de la RDCongo, frontera con Ruanda y Burundi y conocida como la región de los Grandes Lagos, la tradición impone su ley, avalada por la fuerza de la costumbre aunque no por la Constitución. Las vacas son un valor económico e inmaterial, con ellas se paga la dote de las hijas casaderas y se atesora poder real y simbólico; razón por la cual, en ocasiones, la protección del ganado se delega a grupos armados, incluso al ejército, como fue en el caso de la masacre de Mutarule, donde un alto mando militar de la región de Sur Kivu tenía sus propiedades e intereses.

El pasado 29 de septiembre, la redacción de periodistas de FAF emitió el debate Los efectos de la trashumancia sobre la seguridad de las mujeres de la Meseta de Ruzizi. En torno a los micrófonos, se reunieron a los actores principales de esta disputa histórica: Fatuma Kayengele, responsable de la organización Mujer levántate, de Kamanyola; Jean Bosco Sadiki, representante de los ganaderos en Kamanyola; Bertin Zagabe, representante de la administración regional en Kamanyola; Saidi Allo Ibya Sango, de la Red de Innovación organizacional (RIO).

A continuación, un resumen del debate.

Femme au Fone (FAF): Saidi Allo Ibya Sango, usted es de la Red para la Innovación organizacional, cuéntenos la historia de la trashumancia en la Meseta de Ruzizi.

SANGO: La organización RIO y Acción por el Desarrollo y la Paz Endógena (ADAPAE) acompañamos, entre 2007 y 2010, a tribus de Uvira y de Fizi (dos territorios de la provincia de Sur Kivu) para entender las dificultades que las enfrentan. Y llegamos a tres dificultades o problemas. Para empezar, los conflictos por disputa de tierra y de la administración de esas tierras; segundo, la colaboración que existe entre ciertas tribus y ciertos grupos armados; y, finalmente, el problema del mal gobierno. El problema entre los ganaderos que buscan pastos para sus rebaños y las agricultoras es sobre todo un conflicto de disputa por la tierra. Y aquí podemos hablar de otros problemas: la quema de broza que destruye campos, la destrucción de tierras al paso del ganado, el robo de vacas y el saqueo o robo a mano armada de vacas a los ganaderos. Existe otro problema, el de no reconocer al gobierno, es decir el conflicto de liderazgo que mantienen algunos mwami (autoridades tradicionales). Todo esto me lleva a decir que el problema entre agricultoras y ganaderos en la Ruzizi es un conflicto en toda regla, uno más de los que se vive en esta zona. Es más, este es el problema que desencadena en realidad los otros conflictos porque es aquí donde empiezan siempre las provocaciones. Cuando los ganados destrozan un campo, los propietarios responden y empiezan las agresiones. Así que el origen de toda la violencia que vemos en la Meseta de Ruzizi se debe a un conflicto por la tierra.

FAF: Fatuma Kayengele, de la organización Mujer levántate ¿Cómo afecta esta trashumancia a la seguridad de las mujeres?

KAYENGELE: Hace años que las agricultoras vivimos este problema pero nuestra seguridad ha empeorado desde la matanza de Mutarule, porque los ganaderos de Mutarule, que no son trashumantes, huyeron de la ciudad por miedo y vinieron con sus ganados a Kamanyola. Nosotros no tenemos espacio para guardar tantos rebaños, y nuestro problema ahora se ha acentuado entre las vacas de los trashumantes y las de los que están desplazados. No nos sentimos seguras.

FAF: Jean Bosco Sadiki, representante de los ganaderos en Kamanyola ¿Por qué las vacas siguen comiéndose los cultivos y destruyendo los campos?

SADIKI: Desde nuestros ancestros siempre hubo vacas en Kamanyola. Estoy de acuerdo con el hecho de que el conflicto se deja sentir más desde la matanza de Mutarule y confirmo que los ganaderos de Mutarule están desplazados en Kamanyola y que tenemos poco espacio. Pero estamos buscando soluciones y muy pronto los ganaderos van a regresar a sus lugares, a la zona de los bafuliro [2] (una de las etnias de la zona) donde hay pastos. Yo pediría a la señora Fatuma y a las mujeres cultivadoras que no teman porque estamos empezando a hacer volver a las vacas.

FAF: SeñorBertin Zagabe, usted es representante de la administración regional en Kamanyola y ha organizado ya algunos encuentros y debates entre ganaderos y agricultoras. Se han tomado medidas en esas reuniones, ha habido acuerdos y se ha firmado un pacto. ¿Por qué persiste el problema y no se encuentra una solución durable?

ZAGABE: Tuvimos una reunión, el 21 de junio pasado, para hablar de la destrucción de campos de cultivo, donde estaban los ganaderos, las agricultoras, el presidente de la sociedad civil de Kamanyola y los servicios técnicos de los agrónomos y los veterinarios. El objetivo de la reunión era discutir el problema de la presencia masiva de reses y la falta de espacio. Todos los presentes firmamos el compromiso de que a partir de ahora, cada vez que una vaca destroce un huerto, las dos partes deben reunirse antes que nada; eso que nunca se ha hecho, ¡ahora comienza a hacerse! Antes eran las disputas, las agresiones directamente; ahora se reúnen para estipular los daños y ponerse de acuerdo en las indemnizaciones que uno le pagará a la otra. Este compromiso nos ha ayudado, yo creo que empieza a bajar un poco la tensión. Pero algunas agricultoras quieren revolver también el ambiente, vienen gritando que han destrozado sus campos y cuando le pides que te muestren, no te llevan a verlo o te llevan pero descubres que no es su huerto.

FAF: Usted habla de una bajada de la tensión pero Femme au Fone estuvo hace unos días en Kamanyola y habló con agricultoras que se quejaron justo de lo contrario. Les propongo escuchar el testimonio de una de ellas.

Estamos muy preocupadas. Hay miles de vacas que han venido desde Luvungi, Bwuegerha, Lubarika, Katogota y Mutarule y campan en Kamanyola. Nosotros no tenemos espacio para darles de pastar. Cuando los ganaderos quieren alimentar sus vacas, las dejan sueltas y no respetan el pequeño sendero que les está destinado para llevarlas hasta el rio a beber. Las vacas van para acá y para allá y sus dueños permiten que destruyan nuestros campos de yuca; algunos hasta nos la roban para dársela a sus vacas porque no hay pasto. Y por supuesto que esto crea problemas y tensión. Nos gustaría saber qué hacen de verdad las autoridades porque ya nos han reunido en Consejo de Seguridad varias veces, nos han hecho firmar un compromiso, pero la realidad no cambia. Y aquí estamos con 10.000 vacas que nos impiden trabajar nuestros campos, y la ciudad vive de lo que dan esos campos. Me gustaría pedir a las autoridades que busquen un lugar fijo para esos rebaños o que los hagan volver a sus rediles. Sino todo esto creará guerra y será peor que la que vimos en Mutarule.

FAF: Señora Fatuma Kayengele ese compromiso firmado ¿no sirve a las cultivadoras?

KAYENGELE: No nos sirve para nada. A día de hoy no tenemos ni semillas ni bosquejes, nuestras tierras están vacías porque todo se lo comieron las vacas, que siguen entrando a las tierras. ¿Cómo vamos a pagar la escuela de nuestros hijos? Esos cultivos nos ayudan a alimentar a nuestras familias y a llevar adelante nuestros hogares.

FAF: Zagabe, como representante de la administración regional en Kamanyola, ¿Cómo piensa ayudar para que estas iniciativas sean respetadas?

ZAGABE: Nosotros seguimos el proceso haciendo estadísticas semanales que demuestran que esas medidas tomadas dan frutos. Es decir, el veterinario antes de terminar el día debe saber cuántas vacas han salido y cuántas han vuelto a entrar. Entonces contábamos unas 10.000 cabezas de reses y hoy estamos a 1.500. Lo que significa que el acuerdo permitió a muchos ganaderos dejar Kamanyola con sus reses. Aún quedan ganaderos que deben volver pero ya hemos dado un paso en la resolución de este conflicto. Quiero contar un caso, una agricultora que vino a quejarse de que las vacas habían destrozado su campo, fuimos a comprobarlo y, como era verdad, pudimos interpelar al responsable, quien reconoció que sus vacas habían roto las vallas de madera del establo y se habían escapado. Los dos afectados dialogaron y llegaron a un acuerdo. Además impusimos que hubiese cinco ganaderos por cada 5.000 vacas, en vez de uno, como suelen tener; y lo respetaron. Así que en el camino de vuelta todas esas reses destrozaron mucho menos, y es otra prueba de que ese acuerdo entre ganaderos y agricultores da buenos resultados. Mama Fatuma debería ir a Birato para ver que esas vacas ya se fueron. Pero es verdad que durante julio los destrozos de simientes fueron enormes y eso es un problema para las agricultoras de Kamanyola.

FAF: Habla usted todo el tiempo de Kamanyola, pero Femme au Fone ha recibido quejas parecidas de otras localidades: Kiliba, Katogota y Luvungi. ¿Han hablado ya con los jefes de allí?

ZAGABE: Sabe usted, cuando un hombre está enfermo y no habla con el médico, éste no sabe cómo curarlo. Nosotros recomendamos a las autoridades locales que garantizaran la seguridad en la Meseta Ruzizi porque, sabe usted, las agricultoras, a veces, son también unas provocadoras. Algunas han sembrado en los caminos reservados a la trashumancia de las vacas, así que cuando llega el ganadero con sus reses se desvía para buscar otro lugar de paso y comienza de nuevo el conflicto. Lo que queremos hacer ahora es establecer bien claros esos pasos para las vacas.

FAF: Sadiki (ganadero) ¿Cuándo se pondrá en marcha de forma definitiva el acuerdo que ustedes establecieron con las mujeres agrícolas?

SADIKI: Creo que la solución será definitiva cuando las dos partes sean capaces de respetar el acuerdo.

FAF: Señor Saidi, como representante de una ONG ¿Qué posibilidad ven ustedes de una paz durable en la Meseta de Ruzizi y el rol de cada uno de los actores que se encuentran en nuestro estudio de radio?

SAIDI: Que exista una colaboración franca entre cultivadoras, ganaderos y Estado, este último debe acompañarlos en el proceso de determinar juntos los lugares y las zonas de cultivo y pasto, así como los caminos de trashumancia. Como propuesta durable creo que, dada la situación de práctica inexistencia de tierra de pasto en nuestra zona, el gobierno debería formar para que se practique la ganadería en establos, en vez de tener 50 vacas que dan dos litros de leche por día cada una, tener 10 vacas en un establo que producen 20 litros de leche por día. Eso es lo que se hace ya en Uganda, Ruanda y Burundi. Esa forma de ganadería produce más y daña menos. El Estado debe comprometerse a formar a esos ganaderos.

FAF: Señor Zagabe ¿alguna propuesta complementaria que ayude a esa solución?

ZAGABE: Yo creo que hay que restablecer la paz en la Meseta de Ruzizi y así los ganaderos no tendrán miedo y regresarán a sus comunidades. Otra cuestión para la paz es respetar los acuerdos, en vez de hacer uso de la justicia popular [3].

FAF: ¿Qué dicen los ganaderos en este debate, Señor Bosco?

BOSCO: Creo que el gobierno debe asegurarnos la paz en la zona y restaurar los pastos en la zona entre Bwegera y Luberizi, donde podemos encontrar forraje. Nuestras vacas pueden vivir ahí en paz. Es mentira que los ganaderos roben cultivos de las mujeres agricultoras o que lleven armas. La justicia existe y nunca nadie ha pillado a ganaderos robando cultivos ni armados. Son acusaciones falsas.

FAF: Señora Kayengele ¿Cuál su comentario para cerrar este programa de radio de Femme au Fone?

KAYENGELE: Estoy de acuerdo con que lo más importante es que la paz vuelva a nuestra región. Me complace que se reconozca que en Kamanyola no hay tierras para el pasto de las vacas y estoy de acuerdo con el representante de los ganaderos en la petición de que se les de tierras más allá de Kamanyola. Eso muestra que digo la verdad. En Kamanyola no hay tierras ni para pasto ni para paso de ganado. Hoy por hoy la realidad es que las mujeres agricultoras de Kamanyola no tenemos simientes para sembrar, y ese es un gran problema.


[1] Comprendre les conflits dans l'Est du Congo (I): la plaine de la Ruzizi. Rapport Afrique N. 206, p. 2. 23 juillet 2013. International Crisis Group, Belgium.

[2]Sobre Bafuliro y Barundi y la masacre de junio 2014, en Mutarule: The Mutarule massacre conflicto from below in Eastern Congo, Kris Berwouts, 18 junio, 2014, African Arguments, accesible en: http://africanarguments.org/2014/06/18/the-mutarule-massacre-conflict-from-below-in-eastern-congo-by-kris-berwouts/

[3] La justicia popular es el castigo físico perpetrado por una comunidad o un grupo de personas contra un individuo que ha cometido una falta o crimen. En la provincia de Sur Kivu es una práctica extendida y representa un grave obstáculo en la resolución de conflictos. Las mujeres acusadas de brujería, son sometidas por su propia comunidad a la justicia popular, con el fin de imponerles un castigo o expulsarlas.